miércoles, 19 de octubre de 2011

Cambia, todo cambia!

Menos la conducta de los opositores. Aún cuando estamos a días de que el modelo K sea ultra ratificado en las urnas, con un nivel de consenso pocas veces visto (si alguna vez) en la historia política argentina, no se ven por ningún lado mínimos actos autocríticos de esos que valdría la pena ver, si es que alguien desde el campo opositor tuviera una mínima actitud honesta y a la vez valiente. El no le creo nada de Don Raúl, perdón, de Don Ricardo, seguramente le va a costar aún más que su alianza contra natura con F!. ¿Será tan dificil ver lo que la gente ve? ¿Será tan dificil simplemente intentar entender que la AUH efectivamente le cambió la vida a millones, y que sólo fue posible por la desarticulación del negocio más corrupto de la historia argentina, la privatización de las jubilaciones? ¿Será tan dificil analizar y concluir que para esto hacía falta caja, la misma caja que impidió el golpe en el 2009? ¿O creen que los argentinos no recordamos el camino del capital para someter al Estado? ¿Será dificil ver que entre el indulto de Menem y la recuperación de la memoria de estos años hay tanta distancia como entre la pizza con champagne y la posibilidad de volver a tomar mate en familia? Lo entiendo de algunos, duele verlo en otros. El discurso de F!. ahora motorizado por La Nación, que intenta explicar que su plan está cajoneado; ¿cual, el mismo que armó en su página web del mapa del delito que terminó en cuanto terminó la elección del 2009? De ahí no se podía esperar otra cosa, lo mismo del Duhalde que destila su conservadurismo. Pero, de otros, duele. Binner que ahora se sincera y valora la inflación sobre el aumento salarial. Stolbizer que se pelea con todos por dos votos y mancha la historia de las Madres con una propaganda vergonzoza. En fin, el domingo a la mañana, a votar. Y a la noche, a festejar. Por cuatro años que sirvan para consolidar los logros. Por cuatro años que nos den otra vez esperanza de que, alguna vez, los poderes puedan ser, al menos, limitados desde una política que nos orgullece.

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