miércoles, 18 de enero de 2012

La culpa principal fue del árbitro general (David y el Goliath francés en Australia).

En la derrota de Nalbandián en la segunda ronda del Abierto de Australia,  este último martes en su partido con el estadounidense Isner, un hecho particular ocurrió en un momento clave del partido, de decisiva influencia en el resultado final. Sacando Isner, 8 iguales en el quinto set (set largo, de diferencias), un primer saque potente al medio pica muy cerca (sobre, según veremos, para el juez central) la línea central de servicio. Es un ace, pero es cantada falta por el juez de línea correspondiente. El juez central (el chair umpire), corrige el fallo pasándolo a buena pelota, (haciendo lo que técnicamente se conoce como un overrule) pero lo hace en voz baja y no es oído claramente por los jugadores. Fácilmente visible en las imágenes reproducidas por los medios en durante el día de hoy, miércoles 18 de enero, se ve a Nalbandián intentar primero entender el fallo, luego observar la marca (sí, en el piso rápido australiano quedan marcas que si bien reglamentariamente no pueden ser observadas por el árbitro central para verificar son usadas rutinariamente por los jugadores para decidir sus propias decisiones para recurrir o no al hawk-eye (el famoso ojo de águila instalado ya hace varios años en el tenis profesional, si bien sólo en algunas canchas y en algunos torneos).  Se lo ve a Nalbandián solicitando el challenge (el pedido de revisión del fallo) y se ve también una respuesta del árbitro negando el pedido aduciendo que el tiempo razonable que el reglamente le da al jugador para recurrir el fallo ha sido excedido.
Luego lo clave: se lo ve a Nalbandián discutiendo con Andreas (Andy) Egli, un sueco  que habla español, sobre la situación. Andy no era “el” árbitro general sino uno de los varios supervisores del torneo, que como en todo Grand Slam suelen ser varios con algún o varios courts asignados para la supervisión.
Floridaida habló con Fabián Cherny, ex árbitro internacional y juez de silla en los años 95, 96 y 97 en el Abierto australiano, quién nos clarificó el asunto.
Por un lado el problema de hecho versus reglamento. Si es una situación de hecho, algo ocurrido en el partido que requiere de la observación para la resolución, el juez de silla no puede ni debe aceptar la recurrencia al Supervisor. Si es una situación de reglamento, obviamente sí. Según el juez de silla esta era una situación de hecho, referida a cuánto tiempo (how much time, como David pregunta auto corrigiendo su previo how many), es razonable para pedir el desafío de la revisión. Sin embargo, lo que claramente lo transformaba en una situación de reglamento, era el hecho de que había habido un overrule (la corrección del  juez sobre el canto del línea). Y eso claramente debió haber permitido la intervención del Supervisor. Por las imágenes es difícil determinar si la intervención fue la reglamentaria (primero acercarse al juez de silla para tener su relato y recién ahí hablar con el jugador) o algo más bien informal, pero en cualquier caso  estaban dadas las circunstancias para un accionar simple y efectivo: Dirigirse al juez de silla y exigirle que permita la revisión del fallo a través del ojo de águila. Algo tan sencillo habría descomprimido la situación, habría sido justo y apegado al reglamento y por supuesto hubiera permitido un desenlace normal del resto del partido. En todo caso, una razón que probablemente haya llevado al juez de silla (en las primeras jornadas de los Grand Slams suele haber jueces menos experimentados, por la cantida de partidos simultaneos) a no permitirlo (un overrule dudoso, en una línea, la central de saque, no recomendada para correcciones cerradas) debió haber sido modificada por una decisión sensata de alguien que viene de afuera, está con la cabeza más fría, y supuestamente debe intervenir para permitir un desenlace correcto del partido. Lamentablemente Andreas Egli se lavó las manos, seguramente hizo la más sencilla de interpretar el hecho, justamente, como de hecho, y explicar entonces que la decisión del juez de silla era final, y que su juicio era lo único a tener en cuenta para el tema del tiempo razonable. Una lástima, ya que la obvia y acertada interpretación sugerida por Fabián Cherny, de situación de reglamento debido a la corrección realizada y entonces a la necesidad de una interpretación reglamentaria, podría haber permitido a David de un cierre de partido diferente. Qué lástima.

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