Sin llegar a la madre de todas las decepciones (Tenembaum pasando de periodista referente a alcahuete insuperable), ver a Wainraich otra vez en Canal 13 (claro que no en TVR aguantando un contrato que se terminaba) es una decepción importante. No es que uno lo imaginara un militante duro, ni siquiera un convencido blando; sin embargo estuvo ahí, sabe de qué se trata. Es consciente de todo lo que no puede decir, de todo lo que debe callar, de todos aquellos a quienes no podrá entrevistar. ¿Será también consciente de todo lo que le harán pensar? En un punto uno tiende a creer que el microclima que tal vez generen en la empresa multimediática sea el responsable de que gente a quien se podía respetar ahora diga/repita/recite la sarta de sinsentidos que se escuchan sólo poniendo un ratito TN / Mitre / 13 o leyendo Clarín (de reojo, en los cada vez menos bares que lo compran).
Tampoco es que haya sido el mejor conductor de TVR. Tengo que admitir que me gustaba más Gianola (hasta, claro, que quedó más claro su refunfuneo derechoso). Nunca nadie como Morgado, claro, pero Schultz también lo hace mejor y ahora Rago zafa bastante bien. Es simplemente el dolor de ver la sumisión. Y no se trata de pedir purificaciones gratuitas que les hagan resignar plata y/o posibilidades laborales. Pero, ¿en Canal 13? ¿Sabiendo lo que tendrá que hacer para rendirles pleitesía? En fin, decepciones I nomás, tal vez mejor que sea así, sin careta, jugando al humor vacío en vez de hacer reflexionar desde el humor lleno.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Einstein, Marx, Clarín y las primarias.
Albert Einstein define a la locura como el intento de obtener distintos resultados a través del mismo camino. Marx diría que así, lo que vivimos como tragedia se repetirá como farsa. Pues parece que Clarín y algunos otros medios hegemónicos están locos (en la definición del célebre científico) y dispuestos a repetir lo que claramente vivieron como una tragedia. Nos referimos, claro está, a los resultados de las primarias y el muy probable resultado de las generales del 23 de Octubre.
Parecería que su odio (en realidad su defensa de los propios intereses) no les permite ver lo más simple. Que a través del mismo camino, sólo lograrán (en realidad contribuirán solamente, ya que por suerte el voto popular está mucho menos relacionado a sus opiniones de lo que parece) los mismos resultados. Denuncias tontas, dramatizadas como si fueran lo único que nos importa a los argentinos (Shocklender y otras miles), argumentos falaces cuando no infantiles, como si efectivamente pensaran que no podemos diferenciar razones de intereses (ahora se la agarran con el derecho de cualquiera, Moreno incluido, de hacer una denuncia en la justicia y que un Juez de la Nación investigue en consecuencia), ocultamientos básicos, como si hoy no hubiera otros caminos para ver el discurso de Cristina en la ONU (por ejemplo), todo lleva a pensar que el drama con el que vivieron los resultados de Agosto no les dejar ver lo obvio.
Claro que esta última expresión ya muestra la imposibilidad de separar medios hegemónicos de oposición política. Está claro que Clarín no podría haber reflexionado. Su postura no es tonta, es interesada. Sabe que no logró los resultados que buscaba pero no tiene otra alternativa. Sin embargo, la reflexión debió ser parte de la oposición, al menos de aquellos que se definen como políticos y tienen una mínima honestidad intelectual. Los mismos caminos, las mismas denuncias, los mismos dramas tan alejados de la realidad diaria que vivimos sólo lograrán (por suerte) contribuir a un triunfo que será aún más grande, aún más histórico, aún más decisivo.
Parecería que su odio (en realidad su defensa de los propios intereses) no les permite ver lo más simple. Que a través del mismo camino, sólo lograrán (en realidad contribuirán solamente, ya que por suerte el voto popular está mucho menos relacionado a sus opiniones de lo que parece) los mismos resultados. Denuncias tontas, dramatizadas como si fueran lo único que nos importa a los argentinos (Shocklender y otras miles), argumentos falaces cuando no infantiles, como si efectivamente pensaran que no podemos diferenciar razones de intereses (ahora se la agarran con el derecho de cualquiera, Moreno incluido, de hacer una denuncia en la justicia y que un Juez de la Nación investigue en consecuencia), ocultamientos básicos, como si hoy no hubiera otros caminos para ver el discurso de Cristina en la ONU (por ejemplo), todo lleva a pensar que el drama con el que vivieron los resultados de Agosto no les dejar ver lo obvio.
Claro que esta última expresión ya muestra la imposibilidad de separar medios hegemónicos de oposición política. Está claro que Clarín no podría haber reflexionado. Su postura no es tonta, es interesada. Sabe que no logró los resultados que buscaba pero no tiene otra alternativa. Sin embargo, la reflexión debió ser parte de la oposición, al menos de aquellos que se definen como políticos y tienen una mínima honestidad intelectual. Los mismos caminos, las mismas denuncias, los mismos dramas tan alejados de la realidad diaria que vivimos sólo lograrán (por suerte) contribuir a un triunfo que será aún más grande, aún más histórico, aún más decisivo.
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